Yo también pensaba igual

 




Una oleada de calor, traicionera e inmediata, sube por mi cuello cada vez que siento el peso de las miradas. Es un recorrido lento, una inspección de mis pechos, ahora suaves y prominentes, que pasa por la curva nueva de mis caderas y baja, por mis piernas. Es una atención que no solicité, un escrutinio que convierte mi cuerpo en un objeto de deseo. 

Mi marido, lejos de incomodarse, ostenta un orgullo silencioso. Su mano posesiva en mi cintura parece decir miren lo que es mío. "Cariño, deberías acostumbrarte", me dice con una sonrisa despreocupada, "es el precio de ser uana mujer bonita". La frase resuena con una ligereza que me desconcierta. A él, claro, le resulta fácil decirlo. Es un hombre. Habla desde el lugar del cazador, no de la presa.

Yo también pensaba igual cuando era hombre. 

Ahora, desde este lado del espejo, comprendo con una lucidez que corta el aliento: lo que entonces era un simple piropo en mi mente, era esto. Esta ola de rubor, esta tensión entre el rechazo y una validación envenenada. Una lección de humildad que llegó demasiado tarde, tallada en la misma carne que ahora atrae las miradas. 


La mejor esposa del mundo

 


Mi mejor amigo me transformó en mujer. Y ahora no me canso de ser atractiva. Me encanta el maquillaje, la ropa bonita, la lencería de seda, las medias y, sobre todo, cómo me siento cuando mi ex amigo, ahora mi esposo, me dice que soy hermosa y la mejor esposa del mundo.




Lo tenía todo

 


Lo tenía todo. Era el mejor jugador de fútbol americano de la escuela y salía con la animadora más guapa del equipo. Pero lo perdí todo en un abrir y cerrar de ojos.

Mi novia, Mónica, se quejaba de que no le prestaba suficiente atención. Le dije sin rodeos: tenía que pasar tiempo con el entrenador Díaz para prepararme para el gran partido.




"¡Mejor deberías casarte con él!", gritó. Quizás si no me hubiera reído de ella, no habría visto cómo ponía los ojos en blanco, oído un trueno y me habría encontrado desnuda, bajo el entrenador Díaz, que estaba metiendo su enorme y duro pene dentro de mí.

No tardé mucho en descubrir que ahora era la señora Elena Díaz, la joven esposa del entrenador. He olvidado casi todo lo que sabía de fútbol americano, pero ahora tengo un buen conocimiento de animadoras; después de todo, al parecer me gradué hace un par de años y estuve en el equipo. En los partidos, todas las chicas me adulan, sobre todo Mónica, y siempre me dicen lo afortunada que soy de estar casada con un entrenador legendario como Eduardo. Supongo que, en cierto modo, sí que tengo suerte. Eduardo gana millones de dólares al año y yo no tengo que trabajar, a menos que al sexo le llames "trabajo".




Tus ideas se harán realidad


Siempre discutía con la mejor amiga de mi madre, cada vez que venía a visitarnos terminábamos peleando. Ella tenía ideas feministas, y yo creía que el papel principal de la mujer es ser una buena esposa y madre. Una vez incluso le comenté porque las mujeres no deberían usar pantalones. En respuesta, murmuró algunas frases en un idioma extraño...  Y dejé de ser un chico de 25 años. 

"A partir de hoy", me dijo la Sra. Roberts, refiriéndose a mi cuerpo, "¡podrás hacer realidad tu visión de las mujeres! El hechizo no solo te convierte en mujer, sino que consolida e incluso fortalece tus exigencias hacia las mujeres. A partir de hoy, siempre usarás solo faldas y vestidos. Subconscientemente, sentirás aversión a los pantalones. Solo te quitaras tus medias en tres ocasiones: al bañarte, al dormir y al hacer el amor con tu marido. Pronto te presentaré a un hombre joven que cuide de ti y que te haga el amor todas las noches.


!"

Una solución a dos problemas

 


Mi vecina tenía un hijo que era un joven mal portado, un chico problema. Además ella era madre soltera desde que enviudó hace un par de años. 

Yo era viudo también y necesitaba una buena esposa que me ayudara a criar a mi hija pequeña.

Decidimos encontrar una solución para ambos problemas.



"¡Me alegra mucho, Joaquín, que hayas podido convertir a mi joven travieso en una mujer decente y una buena esposa, que siempre usa faldas y medias!", dijo mi vecina que ahora es mi suegra. "¡Yo te ayudaré a convertirlo en una buena madre para tu hijita!".

"¡Gracias!", respondí. "¡Y te alegrará saber que tu hija y yo nos esforzamos mucho cada vez que podemos para darle un hermanito a mi hija y a ti te daremos un nieto!".




Soy muy feliz


Desde los cinco años, anhelaba en secreto la seda de los vestidos, el clic-clac de unos tacones, el misterio de los bolsos de mi madre. Un anhelo dulce que guardaba en secreto para mí. 

A los veintidós llegó el Gran Cambio, transformando mi cuerpo en un eco fiel de mi alma. Ahora, la seda se desliza sobre mis caderas, los tacones alzan el ritmo de mis pasos, y los bolsos cuelgan de mi hombro 

Al mirarme al espejo, reconozco el reflejo de esa mujer del otro lado, soy yo. Las curvas que acaricia el vestido, las piernas torneadas, el busto; todo eso soy yo. Soy muy feliz.




Una de las cosas mas duras


Una de las cosas más duras de haberme convertido en mujer es que mi familia crio a un hombre y les ha costado mucho adaptarse a mi nuevo yo. Fui el único hijo varón de mi familia y desde el día del gran cambio pasaron muchas cosas... ahora me maquillo, me pinto las uñas, uso toallas femeninas y, últimamente, me gusta mucho que me traten como mujer...

Para mi mamá fue más fácil, me dijo que después de tener dos hijas esperaba que yo tambien fuera otra mujercita. Para mi papá es difícil aceptar que su único hijo varón ahora es otra de sus hijas. No sé como reaccionará si se entera de que llevo meses saliendo con un hombre...

A mi novio le encanta que use faldas en nuestras citas, dice que mis piernas son hermosas y que sería un pecado no presumirlas, además le encanta cogerme subiéndome la falda y haciendo a un lado la tanguita... la primera vez que lo hizo me sentí muy humillada pero ahora me encanta sentirme dominada y segura...

Mariposa


El día del Gran Cambio sentí un crujido sutil, como el de un caparazón al resquebrajarse. No fue dolor, sino liberación. Mi antigua armadura —mi masculinidad rígida— se deshizo en el aire, y de sus fragmentos emergí yo, suave y completa.

Ahora, las telas me acarician, no me cubren. Mis vestidos fluyen con mis nuevas curvas. No fue sólo una transformación, sino un regreso: la niña que siempre fui extendió sus alas como una mariposa.

Ponganle una falda




Cuando era un niño pequeño me hacían bullyng en la escuela. Decían"mejor pónganle una falda a la niña", tienen que entender que entonces era pequeño y delicado, aunque nunca desee ser mujer. 

Por desgracia para mí, el gran cambio me cambio el sexo a mis 20 años. Tal vez fue lo mejor, no había tenido ninguna novia y seguía siendo muy pequeño delgado.

Me costó algo de tiempo adaptarme pero ahora si uso faldas y vestidos y me siento muy orgullosa.

El medicamento

 

Había leído sobre un medicamento en un foro. Prometía aumentar la masa muscular y lograr un cuerpo ideal para un macho alfa. La tapa del frasco incluso tenía la imagen de un hombre muy musculoso abrazando a una mujer curvilínea. Pero las instrucciones estaban en kanjis o en alguna otra escritura de Asia, así que no podía entenderlas.

Me dijeron que dos pastillas al día eran una dosis normal, así que terminé tomando dos pastillas al día. Después de unas semanas terminé con el efecto contrario, luciendo como una mujer curvilínea pero sin masa muscular. Intenté contactar con la empresa, aunque fue muy difícil encontré a alguien que entendiera español. Me explicó que la versión que tenía en mis manos no era la versión masculina del medicamento, era la versión femenina. 

Después de colgar, sentí una sensación de malestar en la boca del estómago. La ansiedad fue creciendo en mí, comencé a tener sueños extraños, sueños húmedos pero femeninos, en mi cuerpo femenino besaba y me acostaba con mis amigos. De día no podía ignorar el ensanchamiento de mis caderas y el aumento de pecho que vivía día con día. Mi mejor amiga me acompaño a la sección de lencería femenina. Me ayudó a seleccionar una docena de bragas, tangas y sujetadores mientras estaba allí.



Deje las pastillas unos días, pero empecé a tener cólicos y dolores muy intensos. Los de atención al cliente me dijeron que los dolores se irían si volvía a tomar las pastillas. Entonces fue que volví a tomar las pastillas después de dejarlas unos días. De repente descubrí que quería volver a tener esos sueños, que me hacían sentir tan bien. Empecé a espiar constantemente a mi vecino, sobre todo por la mañana, cuando estaba desnudo hasta la cintura y hacía ejercicio. Y cuando tomaba el sol en bañador en el patio trasero de su casa, no podía apartar la vista de su cuerpo masculino ideal. Tenía un cuerpo de Hércules.

Pero cuando vi su enorme bulto en bañador, mi destino se hizo muy claro. Ya no era el hombre musculoso del frasco de la droga, era esa mujer. Empecé a usar solo faldas en lugar de pantalones y siempre con medias (se volvió un pequeño fetiche).

Salí en mi primera cita con mi vecino poco tiempo después, me descubrió viéndolo y me invitó a salir. Al volver a su casa, me penetró con más intensidad y experimenté mi primer orgasmo femenino. Unos meses después, me convertí en su esposa y cumplía con mis deberes de esposa tres veces al día...


Ahora me conquistan a mí


Mi padre me decía, cuando era pequeño, que algún día sería un hombre grande y fuerte y que conquistaría muchas mujeres. No sé como explicarle que hace ocho meses el gran cambio me volvió mujer y que me encanta serlo.

Lo más difícil va a ser explicarle que ahora soy feliz siendo una nena y que, ahora, me conquistan a mi los hombres. Y me encanta. 

¿Te gusta?

  


"¿Te gusta tu nuevo look Marcos?" me preguntó mi vecino Alex" Ahora que te hice usar faldas y vestidos, el siguiente paso es que tengas sexo como una mujer. De ahora en adelante te follaré tres veces al día. Cuando tengamos sexo, siempre serás la pasiva.





¿Por qué? Ya sabes por qué. Te estoy entrenando para que te conviertas en mi esposa mariquita. Tus únicas liberaciones sexuales vendrán contigo en el papel femenino y yo como tu hombre. Continuaré feminizándote día a día y haré que actúes como una mujer en todo momento. Las hormonas harán que tu cuerpo sea suave y femenino. Te prohíbo usar pantalones, incluso pantalones de mujer. En lugar de ellos, usarás medias. Debes decirme lo guapo que soy. Lo masculino que soy. Lo fuerte que soy. Y me dirás cómo te hace sentir tan femenina tener un esposo como yo en tu vida.



De ahora en adelante, tu nombre será Miranda, mi mujer. Si me lo preguntan, ahora soy tu esposo y tú eres mi esposa. Después de que te acostumbres a esto y te acostumbres a tener tus orgasmos femeninos cuando tengamos sexo, sexo, será muy fácil hacer la transición. ¡Y serás una mujer de verdad!"




Me da miedo


"¡Mamá! ¡Me da miedo caminar por la calle con falda, medias y tacones! ¡Los hombres me miran, he visto a algunos hombres con un una tienda de campaña en los pantalones!"

"Está bien, mi niña, no seas tímida, ya no eres un chico, ¡sino una jovencita hermosa! ¡Acostúmbrate, los hombres ahora mirarán a menudo tus pechos, tus caderas redondeadas y tus piernas bien formadas!"

La tía Karen

 



La tía Karen siempre se quejaba con mi madre de que su marido solo quería sexo con ella. La obligaba a usar solo vestidos y medias, porque era fácil poseerla en cualquier momento y en cualquier lugar. Pensé que no debía quejarse tanto pues todo eso sonaba bastante mejor que ser virgen a los 19 años y se lo dije. 




Mi tía enfureció y me lanzó hechizo. Ahora soy una jovencita de 19 años, comprometida y lista para complacer a su futuro marido tres veces al día. 





Tal vez si pueda entenderme


Llevo unas semanas aquí, en el lugar donde crecí, todo parece muy similar a como siempre fue excepto por una cosa, mi papá y yo fuimos convertidos por el cambio en mujeres. Ella —mi padre— dirige con la misma mano firme de antes. La respetan igual. La miran con el mismo respeto aunque ahora sus formas sean suaves y su voz más dulce.

Nunca la he visto usar una falda. Su ropa es práctica, casi una traducción femenina de su antiguo uniforme: camisas de trabajo y jeans. Es como si el Gran Cambio solo hubiera pintado de otro color la esencia inquebrantable que siempre fue. Por dentro, sigue siendo él. Y eso hace que mi secreto pese más.

Creo que se decepcionará. No solo cambié de cuerpo; borré al hombre que fui. Lo cambié por la fascinación por los vestidos, por el roce de la seda, por la emoción de que un hombre me mire como a una mujer. Por tener un novio que me desea así. Temo que ella, que conserva tanto del pasado, se decepcione de mi.

Unos días antes de mi regreso a la ciudad, para iniciar el próximo año universitario, me sorprendió: "Haré una comida elegante en la finca" dijo. Su voz era suave, pero llevaba ese tono final que no admitía discusión.

La noche llegó. Me puse un vestido largo, azul noche, que fluía con cada paso. Apliqué maquillaje con cuidado, nerviosa. Imaginaba verla llegar con un traje sastre impecable: femenino, pero de líneas duras, una armadura de gabardina. Sería su declaración silenciosa: Soy mujer, pero sigo siendo quien manda.

Pero no fue así.

La vi aparecer en la puerta, y el aire se me atoró en el pecho. Llevaba un vestido. Un vestido rojo con un ligero escote en el pecho pero tab pegado a su cuerpo que hacía lucir sus curvas. Su cabello, siempre recogido con severidad, caía ahora en ondas suaves sobre sus hombros. El maquillaje realzaba sus ojos, ahora grandes y expresivos, y sus labios brillaban con el mismo rojo del vestido. Y los tacones… altos, delicados, haciendo que su estatura, siempre imponente, adquiriera una gracia nueva y formidable.

Se detuvo ante mi mirada atónita. Una sonrisa —no la sonrisa rara y contenida de mi padre, sino una sonrisa amplia, genuinamente femenina y un poco pícara— le iluminó el rostro.

«¿Qué? ¿Una ranchera no puede arreglarse para su hija?», dijo, y su voz tenía un tintineo juguetón que nunca antes le había oído.

Al acercarme, noté el perfume, floral y cálido. La abracé, sintiendo la suave tela bajo mis dedos. «Estás… increíble», logré decir.

«Tú también», respondió, tomándome del brazo con naturalidad. «Vamos. Que nuestra despedida sea a la altura de lo que somos ahora.»

Camino a ma finca en el coche, el silencio era cómodo. Miraba de reojo su perfil contra la ventana, la seguridad con la que manejaba incluso con esos tacones. Tal vez me había equivocado. Tal vez no éramos tan diferentes después de todo. Quizás ella también tenía sus propios secretos, sus propias rendijas por donde se colaba la mujer que ahora era...

Me gustó lo que vi



El Gran Cambio llegó cuando estaba completamente deprimido. Primero pensé que ser convertida en mujer era una de esas tragedias que solo podían sucederme a mí.

Mi mamá estuvo fascinada con que su hijo ahora fuera su hija. Me ayudó a deslizarme en mis nuevos vestidos y, al verme en el espejo, ocurrió el milagro: me gustó lo que vi en mi reflejo.

La tristeza se resquebrajó ante la imagen de mis piernas largas, mi silueta grácil y nueva. La felicidad no vino del cambio físico, sino del reconocimiento. Esa chica coqueta y sonriente del reflejo era yo, por fin revelada, habitando por completo este cuerpo que ahora siento tan bello y tan mío.




Mi mas grande deseo


Convertirme en mujer era mi más grande deseo, y el Gran Cambio lo hizo realidad. Un anhelo profundo, ahora encarnado en cada latido.

Ahora, me gusta ser mujer. Me fascina ser una nena, descubrir que mi esencia, mis gustos más íntimos y mis necesidades más simples fluyen con naturalidad femenina. Pienso como chica, con esa intuición y esa sensibilidad nueva. Actúo como chica inclusive en la intimidad cuando estoy con un hombre.


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Olvidarás como era usar pantalones



"Sí, querida, vas a aprender a ser femenina, sumisa, elegante y recatada. Vamos a purgarte de todos esos pensamientos y acciones masculinas, ¿no es así, cariño?", me susurró mi tía con un tono femenino.





"La píldora rosa que tomaste ya hizo efecto. Ahora eres una mujer completa y nunca volverás a ser un hombre. Tu rol cambió para siempre. De ahora en adelante vivirás a tiempo completo como una mujer y te convertirás en una ama de casa apropiada."





*Sí, querida, serás una esposa. Y decidí que tu ex mejor amigo sea tu esposo. Su novia murió el año pasado y él necesita una buena ama de casa y futura madre de sus hijos para superarlo. Además, es un hombre atractivo, tan fuerte y musculoso, un verdadero macho alfa. Será un buen protector para una mujer débil como tú. Y abrirás tus piernas para él todas las noches en tu dormitorio, tomando su polla y su semilla."




"Y sí, es un caballero muy conservador y piadoso, porque asistirás a la iglesia todos los domingos con él. Y, por supuesto, siempre usarás vestidos y faldas con medias y tacones. Serás una esposa apropiada, muy elegante y virtuosa, toda recatada y correcta. Sí, princesa, vas a olvidar cómo era haber usado pantalones alguna vez. o incluso cómo era ser hombre."



Una señorita decente


"Mírate, mi niña", me dijo mi madre, "¡estoy muy contenta de que Diego haya podido convertir a un joven malo en una señorita decente y una futura buena esposa! Mira como te consiente comprándote un guardarropa nuevo lleno de vestidos y faldas. Debes ser una buena esposa y muy complaciente. ¡Y, cuando llegue el momento, yo te ayudaré a ser una buena madre para tus futuros hijos!"

No todo es malo


Ha pasado medio año desde el Gran Cambio, el día en que deje de ser un hombre y me volví una mujer.

Y seré honesta: me siento incomoda con mi nuevo sexo y mi nuevo género. No me gusta la forma en que los hombres me miran en la calle. Mi nueva estatura, este cuerpo es pequeñito; mis caderas ahora son amplias; ahoran tengo senos que exaltan mi nueva naturaleza. Mi voz ahora es suave y delicada como el resto de mi cuerpo. Me siento muy frágil en este cuerpo y no me gusta.

Pero existe algo diminuto que sí me gusta: Las faldas cortas. Me encantan.

O, para ser exactos, me encanta la manera en que Alberto, mi mejor amigo, me mira cuando me las pongo. Cómo sus dedos se posan en mis piernas, como si yo le perteneciera. Me gusta cuando baja mis bragas y sube mi falda para entrar en mí. Me gusta cuando me domina y me hace gemir. Y en ese momento me doy cuenta que no tofo es malo con este cuerpo.

Una de las presas


Antes, mi mundo era un desfile de bellezas que yo catalogaba. Era el cazador, el conquistador, el mujeriego. El Gran Cambio reescribió las reglas del juego sin avisar. Seguí rodeándome de las chicas más guapas, pero el escenario había cambiado por completo.

Ya no soy el cazador sino una de las presas. Mi complicidad con las mujeres es diferente ahora; somos aliadas, cómplices en un susurro. Y descubrí, con una sonrisa cómplice hacia mi reflejo, que la chica guapa y coqueta que ahora atrae las miradas de los hombres... soy yo. 




No puedo creer lo que acaba de suceder



No puedo creer que el Gran Cambio me convirtiera en mujer.

No puedo creer que aceptara la invitación de un hombre a salir. Que dijera "sí" con una voz que apenas era un hilo de aire. Que me pusiera tacones que me hacen tambalear. Que la velada fuera de risas fáciles y confesiones difíciles, bajo la luz tenue de un restaurante que olía a albahaca y a posibilidades.

No puedo creer que después, temblando, acepté ser su novia. Que mi mano se entrelazara con la suya en el cine, que aprendiera el sabor de sus besos, que mi nuevo nombre en sus labios sonara, poco a poco, a verdad. A hogar.

Y no puedo creer, menos que nada, lo que acaba de suceder. Lo dejé entrar en mi. Ls barreras entre lo que fui y lo que soy se disolvieran mientras me embestía con fuerza. El placer, un río desconocido y profundo, me arrastrara sin dejar rastro del hombre que una vez creí ser, en esos momentos me volví una putita deseosa de sexo. No hubo dudas ni pensé en lo que fui hace pocos meses. Solo un presente palpitante, un vértigo dulce, y este cuerpo que, para mi propio asombro, ha aprendido a cantar.

Cuando pasó el Gran Cambio, juré que nunca me gustaría ser mujer. Luché contra cada cambio, maldije cada ajuste. Me aferré al fantasma de mi vieja piel como a un salvavidas.

Pero la vida da vueltas, sí. Vueltas como la seda de un vestido azul al caer al suelo. Vueltas como los brazos de alguien que te encuentra, no a pesar de quién eres, sino precisamente por ello. Y al final del giro, aquí estoy: sin poder creerlo, pero creyéndolo, al fin, todo.

Sesión de fotos

 




Mi mejor amigo es fotógrafo. Una modelo le había cancelado una sesión de fotos. Así que acepté tomar una píldora rosa y hacer la sesión con él. La sesión era con ropa de maid, la verdad es que de todos modos esperaba algo humillante así que comenzamos el trabajo.




Algunas poses son muy eróticas. Y me hacen sentir un poco ¿caliente? Al verlo me sentía húmeda allí abajo. 

Al final de la sesión me dijo que el efecto de la pastilla era permanente. ¡Me sentí engañado! Pero podía ver el bulto entre sus piernas. Espero que me compense por todas las molestías.



Pasarás el resto de tu vida en pantimedias y tacones

  


Escucha Ramiro, ¿o debería decir Romina?. Hace un año, cuando te conocí, ¡te dije que no le rompieras el corazón a mi hija! Supongo que no te mencionó que yo era una bruja, ¿eh? ¿De haber sabido que yo era una bruja la hubieras engañado? Ya no importa.

Como no quisiste a mi hija, ahora, pasarás el resto de tu vida en pantimedias y tacones como la hermosa y leal esposa de mi hijo. ¡No puedo creer lo hermosa "niña" en la que te has convertido! Te mantendré en mi familia para tenerte vigilada, dulzura.