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Mi primer vestido

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Aún recuerdo la primera vez que usé un vestido. El Gran Cambio se llevó mi vida de hombre de forma abrupta. Mi prometida, Vanessa, intentó apoyarme y continuamos con los planes de boda, pero un par de meses después, llorando, me tomó la mano —que ahora era igual de pequeña que la de ella— y me dijo: «Te sigo amando, Alex, pero no me atraen las mujeres». Entonces la realidad me cayó encima como una piedra. Mi vida no podía continuar igual, era una mentira; yo ya no era un hombre y nadie me volvería a ver de esa manera. Después de pasar la noche llorando, tomé la tarjeta de crédito y fui a una tienda de ropa. Me probé vestidos y faldas. Estaba enojada porque Vanessa había terminado nuestro compromiso, decidí dejar de luchar contra mi nuevo rol pero no estaba lista para la mayor revelación: la de mi reflejo. La mujer del otro lado del espejo era guapa, con piernas torneadas, cintura pequeña y unos pechos pequeños pero firmes. Una mujer guapa. No quedaba nada del hombre que fui. ‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐...

No puedo salir, tengo miedo

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Apreté el picaporte de la puerta, pero no pude girarlo, los nervios me dejaron inmóvil. La suavidad de la piel de mis piernas expuesta, la inestabilidad de los tacones bajo mi pie, todo me parecía una trampa. Respiré hondo y mi voz sonó quebrada. —Mamá… no puedo salir. Tengo miedo... esta falda, estos zapatos… me siento como un blanco. Los hombres no solo me miran; es como si sus ojos me tocaran. A unos metros de aquí, pude ver la erección de uno de ellos, se le marcaba en el pantalón . Me da vergüenza y pavor salir. Sentí sus pasos acercarse antes de verla. Su mano, cálida y firme, se posó en mi espalda, justo donde el cierre del vestido dejaba la piel al descubierto. Su voz no era un regaño, sino una afirmación serena. —Escúchame, corazón. La vergüenza es solo el eco del niño que fuiste. Ya no eres un chico. Este cuerpo que ahora sientes ajeno, que atrae esas miradas, es el cuerpo de una mujer que comienza a florecer. Es hermoso, y es tuyo. Es natural que los hombres se den vuelta a ...

Modelo

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Mi mejor amigo es fotógrafo. Cuando una modelo canceló una sesión a última hora, me pidió un favor inusual. Tomar una pequeña píldora rosa para "modelar mejor". Ingenuo, acepté. Al tomarla sentí cómo mi cuerpo se transformaba en formas suaves y curvas, vi el bulto entre mis pantalones desaparecwe al final tenía el cabello largo y una silueta femenina, entonces me reveló el verdadero tema de la sesión: ropa erótica. Ya no era su amigo ayudándole; era su modelo. Bajo los focos, cada pose que me indicaba era una coreografía de seducción. Un giro de cadera, una mirada sobre el hombro, la tela ceñida a una piel que ya no reconocía como mía. Y una sensación extraña, eléctrica, comenzó a recorrerme. ¿Era vergüenza, nerviosismo... o excitación? Ahora, mientras ajusta el trípode, nuestras miradas se encuentran y lo sé. Lo sé con la certeza con la que veo el bulto en sus pantalones. Si me pide que tengamos intimidad... sé que no encontraré la fuerza para decirle que no.

El deseo mismo

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  Cuando el Gran Cambio me transformó en mujer, odié todo sobre este cuerpo: mis nuevos senos, mis nuevas curvas. Extrañaba, sobre todo, a mi amiguito en la entrepierna. Pero con el tiempo, fui sintiéndome cómoda en este nuevo rol. Me encanta sentir el roce de las medias contra mi piel, ponerme el vestido más ajustado y corto, elegir el cachetero o la tanga acorde a la ocasión, escoger los tacones más altos y desafiantes... y después, en medio del murmullo de la fiesta o la penumbra de un bar, sentir la certeza callada y eléctrica de una mano masculina deslizándose por debajo del dobladillo de mi falda, explorando el territorio secreto de mi entrepierna. Ese primer contacto, cálido y firme contra el encaje, es el instante en el que toda la transformación culmina: dejo de ser la chica del vestido ajustado y me convierto en el deseo mismo.

A mi marido le encanta

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  A mi marido le encanta que su ex mejor amigo ahora sea una mujer débil mientras él vive la vida de un hombre fuerte. Me prohibió usar pantalones y quiere que me convierta en ama de casa y una madre que se quede en su hogar.  No me importa, me encantaría estar embarazada de él, quiero ser mamá y también me encanta ser mujer.

Mi novio era machista

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  Mi novio era machista. No era una mala persona, pero simplemente… no sabía tratar bien a una mujer. Opinaba sobre mi ropa, me interrumpía, hacía chistes pesados frente a sus amigos. Hasta que una noche me humilló frente a todos. Me fui con lágrimas en los ojos. Y mi mejor amiga me abrazó. —Si quieres —me dijo—, puedo quitarle el machismo. Para siempre. Pensé que bromeaba. Pero al día siguiente, él desapareció. ... Han pasado seis meses. Él ahora es ella. Se llama Valentina. Luce hermosa con sus faldas cortas, su cabello cuidado y esa sonrisa dulce que nunca le vi antes. Tiene su propio novio: un chico atento, cariñoso, que la trata como reina. Y lo mejor de todo… es que ella está feliz. De verdad feliz. A veces nos cruzamos por casualidad. Ella me saluda con un gesto tímido, aun recuerda quién fue y seguro siente vergüenza de cómo me trató. Y yo solo pienso: lo logramos. Le quitamos el machismo… y le dimos, de paso, una nueva vida. 

Dama de honor

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  Ana, mi mejor amiga, nunca tuvo amigas. Solo amigos hombres, incluyéndome a mí. Así que cuando se comprometió, estaba feliz… pero también triste. —No tengo a nadie que sea mi dama de honor —me dijo una noche—. Siempre quise compartir ese momento con una amiga de verdad. Esa noche, Ana vio pasar una estrella fugaz. Y, como si aún creyera en la magia, pidió un deseo. Al día siguiente, desperté… distinta. Ya no era el chico que siempre había sido. Mi cuerpo era suave, curvilíneo, con una voz más dulce y una piel que no era la mía. —¡Eres perfecta! —me dijo Ana, sin sorprenderse—. Ahora sí tengo a mi dama de honor. Ella me compró un vestido rosa y me enseñó a caminar con gracia, a sonreír con delicadeza, a maquillarme sin miedo. Al principio estaba en shock… pero ver su felicidad hizo que lo aceptara. El día de la boda, todo fue mágico. Bailé con el padrino del novio. Me acompaño toda la fiesta,  reímos, brindamos, me sentí vista como nunca antes. Y al terminar la fiesta, él me ...