La libertad de una falda



Vamos, Sam, cariño, termínate de poner el uniforme escolar. Es hora de ir a tu primera clase. No te preocupes, estuviste practicando todo el fin de semana cómo moverte con la falda; lo harás muy bien.

Mira, ya logré que cambiaran todos tus registros en la administración. Ahora figuras como una joven de dieciocho años llamada Samantha. Samuel ya no existe. Así que anda, mi linda sobrina, sin más excusas. Estoy invirtiendo mucho para que estudies en esta escuela de señoritas, donde recibirás la mejor educación.

Sé que te da miedo que se vean las bragas, pero pronto te encantará la libertad que da una falda. Y ni hablar del poder que tendrás sobre los hombres.