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Ya no vas a avergonzar a la familia

  




Ay, hermanita... sé que extrañas esa cosita que ya no está entre tus piernas. Pero seamos honestas: nunca te sirvió de mucho, ¿verdad?

Toda la familia se reía a tus espaldas. Ninguna mujer te miró dos veces. Era triste, de verdad, verte intentarlo una y otra vez... y fracasar siempre. Patético.

Por suerte, el destino tuvo piedad. El Gran Cambio te rescató de esa agonía. Dejaste de ser mi hermano... para convertirte en mi hermanita. Ahora somos dos chicas en esta casa. Tus trajes quedaron en el olvido; ahora usas mis vestidos, mis tacones. Y te quedan mejor que a mí, la verdad.

Papá ya encontró un marido para ti. El que había elegido para mí, pero... eres la mayor.  Debes casarte primero. Él te hará gemir, te enseñará lo que es un hombre de verdad. Te arrebatará lo poco que te quedaba de ese orgullo masculino. Y te encantará.

Ven, déjame arreglarte. Un poco de rubor en esas mejillas... labios rojos... así. Levanta la cara. Quiero ver a mi hermano una última vez... antes de que te conviertas en la novia de alguien. Antes de que te vuelvas adicta a que te folle un hombre de verdad.

Porque esta vez, hermanita, no vas a avergonzar a la familia.