No puedo creer que...


No puedo creer que el Gran Cambio me convirtiera en mujer. Que una mañana me despertara con esta piel más suave, esta voz que ya no reconozco, estas curvas inesperadas en mis caderas.

No puedo creer que un día, por pura curiosidad, me probara ese vestido azul celeste que pertenecía a mi hermana. Que la tela se deslizara por mis hombros con una familiaridad aterradora. Que al mirarme en el espejo, en lugar de vergüenza, llegara un suspiro de reconocimiento, como si una parte dormida de mí, por fin, hubiera abierto los ojos.

No puedo creer que dejara que David me coqueteara en la cafetería. Que comenzara a verme como algo más que su amigo, y que sus miradas indiscretas hicieran arder mis mejillas. En lugar de corregirlo, de aclarar que incluso con este cuerpo por dentro aún era un hombre;  comencé a sonreirle, a jugar con mi cabello cuando hablábamos y a coquetearle de vuelta.

No puedo creer que ahora me esta cargando en sus rodillas mientras yo traigo un vestido. Sin mis bragas puestas me esta tomando de esta forma tan humillante y lo estoy disfrutando.