Siempre soñé con conocer el mundo.
París, Kioto, Río…
Pero con mi salario mínimo y mi mochila rota, no iba a llegar muy lejos.
Entonces apareció ese tipo.
Extraño. Sonrisa torcida.
—¿Quieres ganar dinero fácil? —dijo—. ¿Viajar, vivir bien, ser libre?
Acepté.
Y desperté en tacones, con un un corsé rosa, un tanga y una cámara apuntándome.
OnlyFans.
Yo.
Posando.
Jugando a ser una chica sexy.
Al principio, me sentí expuesto.
Raro. Incómodo.
Pero… algo en esa mirada que devolvía el espejo me atrapó.
Era hermosa.
Yo era hermosa.
Y todos lo sabían.
Cada clic valía dólares.
Cada video, una escapada más cerca de Roma, Bangkok o Estambul.
No era el camino que imaginé.
Pero ahora sé que mis alas no estaban en una oficina.
Sino en este cuerpo nuevo, en esta piel que aprendí a amar.
Y sí…
ya casi estoy lista para mi primer hombre.
El mundo me espera.
Y voy a conquistarlo en lencería.
