Mi primer vestido
Aún recuerdo la primera vez que usé un vestido. El Gran Cambio se llevó mi vida de hombre de forma abrupta. Mi prometida, Vanessa, intentó apoyarme y continuamos con los planes de boda, pero un par de meses después, llorando, me tomó la mano —que ahora era igual de pequeña que la de ella— y me dijo: «Te sigo amando, Alex, pero no me atraen las mujeres». Entonces la realidad me cayó encima como una piedra. Mi vida no podía continuar igual, era una mentira; yo ya no era un hombre y nadie me volvería a ver de esa manera. Después de pasar la noche llorando, tomé la tarjeta de crédito y fui a una tienda de ropa. Me probé vestidos y faldas. Estaba enojada porque Vanessa había terminado nuestro compromiso, decidí dejar de luchar contra mi nuevo rol pero no estaba lista para la mayor revelación: la de mi reflejo. La mujer del otro lado del espejo era guapa, con piernas torneadas, cintura pequeña y unos pechos pequeños pero firmes. Una mujer guapa. No quedaba nada del hombre que fui. ‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐...