Invisible

 

El Gran Cambio transformó a Javier, el oficinista invisible, en Jimena, una mujer que de pronto, todos veían. Donde antes era ignorado, ahora su jefe, el Sr. Montenegro, le abría las puertas y atendía a sus ideas con una sonrisa. Pero su plan de venganza laboral se desvaneció cuando él, sin reconocer al hombre que fue, comenzó a cortejarla con una sinceridad que la desarmó.

Los emails de trabajo se convirtieron en invitaciones a cenar. Sus debates de oficina dieron paso a conversaciones íntimas. Jimena descubrió que disfrutaba siendo conquistada. Y un día aceptó ser su esposa. 

Ahora, Jimena no lucha por ascensos. Su mundo es el apartamento de lujo que comparte con su marido. Las tardes las dedica a elegir la lencería más sedosa, aquella que hace que la mirada de él se oscurezca de deseo cuando vuelve a casa. Su mayor triunfo ya no está en una hoja de Excel, sino en la forma en que él susurra su nombre por la noche, en la rendición total y voluntaria de su antiguo yo. Había ido a la guerra por un puesto en la empresa, y había encontrado la paz en la sumisión a su hombre.