Cuando era un niño pequeño, sentía una punzada de envidia al ver a mi hermana en minifalda. Sabía que, como niño, jamás me permitirían usae esas prendas tan hermosas. Pero el día del Gran Cambio, mi cuerpo se transformó y con él, mi vida. Me volví una niña. Mi hermana, radiante, tomó mi mano: “Te enseñaré a vivir como mujercita”, me dijo.
Ahora, sigo sus pasos con una convicción que nace de lo más profundo de mí. Me visto con ropa femenina, aprendi a coquetear como una niña, incluso mismo sueños son los de una señorita. Cada día es una revelación, un acto de libertad. Soy, inmensamente, feliz de ser quien siempre debí ser: una mujercita.

