Mariposa


El día del Gran Cambio sentí un crujido sutil, como el de un caparazón al resquebrajarse. No fue dolor, sino liberación. Mi antigua armadura —mi masculinidad rígida— se deshizo en el aire, y de sus fragmentos emergí yo, suave y completa.

Ahora, las telas me acarician, no me cubren. Mis vestidos fluyen con mis nuevas curvas. No fue sólo una transformación, sino un regreso: la niña que siempre fui extendió sus alas como una mariposa.