Me gustó lo que vi



El Gran Cambio llegó cuando estaba completamente deprimido. Primero pensé que ser convertida en mujer era una de esas tragedias que solo podían sucederme a mí.

Mi mamá estuvo fascinada con que su hijo ahora fuera su hija. Me ayudó a deslizarme en mis nuevos vestidos y, al verme en el espejo, ocurrió el milagro: me gustó lo que vi en mi reflejo.

La tristeza se resquebrajó ante la imagen de mis piernas largas, mi silueta grácil y nueva. La felicidad no vino del cambio físico, sino del reconocimiento. Esa chica coqueta y sonriente del reflejo era yo, por fin revelada, habitando por completo este cuerpo que ahora siento tan bello y tan mío.