Me veo genial usando vestidos


El Gran Cambio me arrebató mi antigua vida. Un día solo desperté convertido en mujer. Lo odié todo: la fragilidad, las curvas, mi nuevo rol en sociedad. Me sentí un prisionero en una prisión de encaje.

Pero aunque odiaba admitirlo,  sentía curiosidad, como un lento veneno. Curiosidad sobre como se veria mi cuerpo en un vestido, en una falda. Un día, finalmente. cedí a la curiosidad. La seda de mi primer vestido rozando mi piel fue un shock. El mundo cambió: el viento bailando entre mis piernas, el fuego de las miradas masculinas, la sutil aprobación en las miradas femeninas.

Ahora vivo una paradoja. No me gusta ser mujer; extraño el hombre que fui. Pero me encanta vestir de nena y creo que me veo genial usando vestidos.