Me he convertido en una mujer




El Gran Cambio me convirtió en mujer. La transformación fue un cataclismo. Primero, el odio. Un cuerpo extraño, pequeño, endeble, una cárcel de curvas y suavidades que me avergonzaba habitar. La fuerza se había esfumado, sustituida por una delicadeza que no quería tener.

Pero la curiosidad es poderosa. Un día me puse un vestido, solo por probar. La seda rozando piernas ahora suaves. Un toque de carmín, un gesto nuevo en labios desconocidos. Fue una rendición lenta, dulce, casi a mi pesar.

Tres años después, el espejo devuelve a alguien que reconozco con alegría. Amo la danza de mis faldas al caminar, el susurro de las enaguas, la suavidad de mis piernas. Y sí, amo esas miradas que me dedican, ese deseo masculino que ahora suscito y que enciende en mí un fuego nuevo, una seguridad sensual que antes no podía ni imaginar. Me he convertido en una mujer. Y me encanta serlo.