El disfraz

 


El aire de octubre olía a hojas secas, y una emoción nerviosa palpitaba en el pecho de Diana. Esa mañana le había pasado algo emocionante... Su hermana mayor, Mariana, había sido la había invitado a una fiesta de disfraces. Nunca antes había ido a una reunión así. "No te preocupes por el disfraz, hermanita," le había dicho con una sonrisa pícara, "ya lo tengo todo resuelto. Será un personaje de uno de esos videojuegos que tanto te gustan."

La mente de Diana había volado entonces hacia sus héroes pixelados. ¿Mario, con su overol azul y bigote característico? No, era demasiado... masculino para ella ahora. Fue un hombre por años hasta hacía unos meses que el Gran Cambio la convirtió en mujer, ahora con sus pechos regordetes y sus caderas anchas se vería rara en un disfraz así.

Ahora las opciones eran otras. Se imaginó con la túnica elegante de la Princesa Zelda, o con el vestido rosa y rubio perfecto de la Princesa Peach. La idea de ser una princesa le resultaba profundamente atractiva.

La mañana de Halloween, la expectación era casi tangible. Al entrar en su habitación, después de comer, su corazón dio un vuelco. Sobre la colcha de su cama, cuidadosamente dispuesto, no había un vestido de princesa, sino un atuendo de una elegancia peligrosa: un vestido de terciopelo rojo, tan corto que prometía ser un desafío con cada movimiento. Junto a él, descansaba una funda para una pistola de utilería, unida a un liguero de seda negra. El mensaje era claro: esto no era para una damisela en apuros.

Con las mejillas sonrojadas, reconoció al instante el disfraz. Era Ada Wong, la enigmática y letal mercenaria de Resident Evil 4. Un disfraz audaz, sexy, que hablaba de una confianza que Diana no estaba segura de poseer todavía.

"¡Póntelo rápido, hermanita!" La voz de Sofía, llena de entusiasmo, la sacó de su asombro. Estaba en la puerta, con los ojos brillantes de complicidad. "Te aseguro que con ese disfraz, hoy será el día en que consigas novio. Tengo muchos amigos guapos en la lista, y les va a encantar mi nueva y preciosa hermana."

Diana se sonrojó visiblemente, una oleada de calor que le subió desde el cuello hasta la frente. Antes, la sola mención de "novio" le habría provocado ansiedad y rechazo, es decir hasta hace poco fue ella misma un hombre... pero ahora, la idea no le disgustó. Al contrario, una curiosidad tímida y emocionante comenzó a brotar en su interior. Tal vez, pensó mientras sus dedos acariciaban el suave terciopelo, no fuera tan malo tener novio después de todo.

La transformación esa noche fue mágica. El vestido rojo se ajustó a sus curvas como si hubiera sido diseñado solo para ella, y el liguero en su muslo le confería una sensación de poder y audacia que nunca antes había experimentado. De repente pensó para sí misma, "tal vez hoy sea el día que consiga novio".