El genio me ofreció tres deseos.
No lo dudé ni un segundo.
—Quiero tener sexo todas las noches.
—Quiero tener muchísimo dinero.
—Y que nadie pueda quitarme esos dos deseos.
Él sonrió.
Y chasqueó los dedos.
Cuando abrí los ojos, tenía curvas, una voz suave y un vestido de seda carísimo.
Y a mi lado… un esposo. Mi esposo. Alto. Guapo. Millonario.
Y completamente obsesionado conmigo.
Cada noche me hace suya. Con devoción, con deseo, me embiste con fuerza.
Y tengo que admitirlo… ya me acostumbre al sexo como mujer de hecho ahora me gusta más así es más intenso. Más profundo. Más real.
Mi esposo me deja comprarme lo que quiero con su dinero, aunque ahora solo me gustan las cosas femeninas y tengo tantos orgasmos que a veces duele. Él nunca se cansa de decirme cuánto me ama ni de ponerme en cuatro para hacerme gozar.
Supongo que el genio fue más listo que yo.
Me concedió todo.
Y nadie va a quitarme estos deseos.

