Mi mucama
Después de años de leal servicio, descubrí que mi joven mayordomo me había estado robando. Cuando lo encaré, suplicó desesperado, ofreciendo cualquier cosa con tal de evitar la cárcel.
Le presenté una opción inusual: una pastilla rosa que lo volvería una mujer. Seguiría trabajando conmigo pero como mi mucama. Para mi sorpresa, aceptó. La metamorfosis fue asombrosa: donde antes estaba él, ahora había una mujer.
Su nuevo cuerpo me gustó tanto que un día le dije que en lugar de su uniforme ese día usara un conjunto de lencería para hacer la limpieza en mi oficina. Para ni sorpresa aceptó y comenzó a limpiar contoneando sus caderas al pasar el plumero por todos lados. Se veía tan sensual qué no pude soportar más y la puse sobre mi escritorio y la hice mía. Terminando ella insistió en limpiar nuestro desastre.
Ese se volvió nuestro pequeño juego y ambos somos muy felices. A veces me pregunto: si ella pudiera volver atrás, ¿elegiría ella su antiguo ser y la cárcel, o este presente dónde se entrega con lujuria a mis avances? Su sonrisa sincera me da la respuesta cada mañana.


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