El Despertar
Las desilusiones amorosas habían marcado mis días como hombre. Una y otra vez, mis intentos por ligar terminaban en rechazos hirientes, en miradas que se esquivaban, en excusas vacías. El "no" se había convertido en una canción que conocía de memoria. Había intentado tantas veces, con diferentes enfoques, con distintas palabras, pero el resultado era siempre el mismo: la soledad al final de la noche.
El gran cambio llegó después de mi último rechazo como hombre. Esa noche, particularmente cruda, me había acostado con el sabor amargo del fracaso. Las palabras de ella aún resonaban: "No eres mi tipo, simplemente". Tan simple y definitivo.
Nunca pensé que al día siguiente despertaría convertido en mujer.
La transformación no fue violenta, sino sorprendentemente natural. Al abrir los ojos, noté primero la suavidad de la piel de mis antebrazos, luego la cascada de cabello sobre los hombros, finalmente la curva inconfundible de los senos bajo la camiseta que ahora me quedaba holgada. Me levanté tambaleante y camino al espejo vi a una extraña que me miraba con mis propios ojos, pero con una expresión nueva, esperanzada.
Fue la puerta para entrar a un mundo del que ahora no quiero salir.
Amo, con un fervor que me sorprende cada día, actuar como mujer. Mi manera de caminar, de reír, de inclinar la cabeza cuando escucho, todo es nuevo, todo es auténtico.
Pero sobre todo, amo a todos esos hombres que me tratan lindo.


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