La broma que terminó mal

 



Todo empezó como una estupidez.
Carlos es… bueno, era, el chico más fácil de molestar del grupo. Tímido, noble, fanático del kpop y de esas películas donde todos se aman bajo la lluvia. Así que cuando la profesora Vianey propuso el "Amigo Secreto del Amor" como actividad del Día de San Valentín, se me ocurrió la brillante idea. Escribirle cartas. Firmarlas como "Sandy".

Le dije cosas cursis como: “Tu risa me hace temblar hasta la punta de los pies.” Carlos se las tragó todas. Me respondía con poemas. ¡Poemas! Y yo me moría de risa con mis amigos cada vez que los leíamos. Hasta que la profesora Vianey me pidió quedarme al final de clase.

—Alex —me dijo, con esa voz de terciopelo que usaba cuando te estaba a punto de hundir—. ¿Te parece gracioso jugar con los sentimientos de alguien?
—Era solo una broma… —respondí, sin ganas de pelear.
—Entonces prepárate para la mejor broma de tu vida, un acto de teatro. Vas a ser Sandy.
—¿Qué?
—Literalmente. Durante tres meses. Tomarás esta píldora o veré que seas expulsado del curso por tus accioens.


Y así fue como, una semana después, me vi en el espejo con labios brillantes, caderas nuevas y un vestido rosa ajustado que me robó el aliento. Literal, no podía ni respirar. Sandy, o sea yo, tenía que presentarse a la cita.

Carlos estaba ahí, con globos en forma de corazón, nervioso y feliz. Y yo… yo no sé qué pasó. Pero cuando sonrió al verme y me dijo “Eres incluso más bonita de lo que imaginé”, algo dentro de mí hizo clic. No me reí. No me burlé. Solo sonreí.

Pasamos toda la tarde hablando. De sus películas favoritas. De sus ganas de ser chef. Me contó que siempre había pensado que el amor era un lugar seguro, pero que cada vez que se abría, lo lastimaban.
Y yo, Sandy, le prometí que no lo iba a lastimar. No ese día. No esa semana. Y cuando Carlos se despidió dándome un beso en la mejilla y diciendo “Espero que podamos vernos otra vez”, me sentí extrañamente emocionada.

Han pasado dos semanas. Sigo siendo Sandy. Ya no es un castigo. Ni una actuación. Carlos y yo quedamos juntos en su casa los viernes, siempre llevo vestido para que él pueda meter sus manos debajo de él y tocarme las piernas y mi nuevo sexo.

Quizás en algún momento fui Alex, el bully. Pero ahora, soy Sandy y me encanta mi nueva vida.

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