Sonríe
"Sonríe", ordenó mi tía suavemente, colocando un dedo bajo mi mentón para elevarlo. "La primera vez que un hombre te mire no como a un amigo, sino como a una hembra... sentirás algo que no puedes entender ahora."
Mis ojos se encontraron con los suyos en el espejo del vestidor. Donde antes veía a una tía estricta, ahora reconocía a una mujer experimentada que había recorrido este mismo camino. En sus pupilas había un brillo de satisfacción profunda, una paz que contradecía todos mis temores.
"La pastilla rosa ya hizo su trabajo", continuó, acariciando mi mejilla. "Tu cuerpo ya es el de una mujer. Ahora solo falta que tu mente acepte el cambio."
Al decir esto, tomó mi mano y la colocó sobre la suave tela del vestido, justo donde mis nuevas curvas se encontraban con la cintura ajustada. "Este cuerpo no es una prisión, hijo... hija. Es la llave a un placer que ni siquiera puedes imaginar todavía."
La resistencia en mí comenzó a ceder, no por convencimiento, sino por esa curiosidad peligrosa que sus palabras habían despertado. El espejo ya no me devolvía la imagen de un joven rebelde, sino la de una mujer en ciernes, con labios pintados de carmín y ojos llenos de un conflicto que empezaba a transformarse en aceptación.
"Sonríe, hija. Pronto estarás en los brazos de un hombre. Y en su cama pidiéndole pene como una pata." Dijo con una risita, y comencé a creer que tenía razón.


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