Ser mujer


Durante años forcejeé con un papel que no era mío. Intenté ser un hombre, pero el rol masculino me quedaba grande e incómodo. La solución llegó en forma de una pastilla rosa, pequeña y definitiva.

Al despertar, el mundo era el mismo, pero yo no. Mis piernas esbozaron nuevas curvas, mis hombros se afinaron bajo un peso invisible y, donde antes había un pene, solo quedó un suspiro suave y plano. No fue una pérdida, sino una liberación.

Ahora me visto como la nena que siempre supe que era. La seda, el encaje, la tela que acaricia mis nuevas formas... cada prenda es un susurro de confirmación. Me encanta la ropa sexy, la sensación de femineidad fluyendo en cada movimiento. Ser mujer se ajusta a mi alma. Es un sueño cumplido.