Desde los cinco años, anhelaba en secreto la seda de los vestidos, el clic-clac de unos tacones, el misterio de los bolsos de mi madre. Un anhelo dulce que guardaba en secreto para mí.
A los veintidós llegó el Gran Cambio, transformando mi cuerpo en un eco fiel de mi alma. Ahora, la seda se desliza sobre mis caderas, los tacones alzan el ritmo de mis pasos, y los bolsos cuelgan de mi hombro
Al mirarme al espejo, reconozco el reflejo de esa mujer del otro lado, soy yo. Las curvas que acaricia el vestido, las piernas torneadas, el busto; todo eso soy yo. Soy muy feliz.

