Una de las presas


Antes, mi mundo era un desfile de bellezas que yo catalogaba. Era el cazador, el conquistador, el mujeriego. El Gran Cambio reescribió las reglas del juego sin avisar. Seguí rodeándome de las chicas más guapas, pero el escenario había cambiado por completo.

Ya no soy el cazador sino una de las presas. Mi complicidad con las mujeres es diferente ahora; somos aliadas, cómplices en un susurro. Y descubrí, con una sonrisa cómplice hacia mi reflejo, que la chica guapa y coqueta que ahora atrae las miradas de los hombres... soy yo.