Ironías de la vida

 


Viví mi vida 28 años siendo todo un hombre: guapo, exitoso, buen amante de las mujeres. Era un buen papel, pero la vida le dio un giro a la obra de mi vida. El Gran Cambio me 'convirtió' en mujer. Me dió una nueva identidad.

Al principio me resistí a mi nuevo rol pero eventualmente dejé de pelear. Me rendí. Y en esa entrega, hasta mis memorias cambiaron. Recordaba a mis ex novias no para revivir el placer, sino con la curiosidad de quién quiere aprender algo, me preguntaba ¿cómo se movían? ¿cómo respiraban? ¿cómo recibían? Era un manual de supervivencia que mi alma necesitaba.

Ahora lo sé todo: cómo domar unos tacones de aguja, cómo hacer que una falda baile, qué sombra hace brillar los ojos. El amor me encuentra de nuevo —un éxito, otra vez— pero esta vez en otro bando, en el femenino.

Y a veces, no puedo evitar preguntarme con una sonrisa pícara: ¿Qué cara pondrían esas mujeres que un día me amaron como hombre, si me vieran ahora, arqueándome bajo un hombre, gimiendo y entregándome por completo? La vida tiene un sentido del humor sublime.