Gustos de otaku


A los veinte años, mi historial romántico era una página en blanco. La soledad me impulsó a hacer algo desesperado: responder a un anuncio en internet que prometía encontrar pareja a "cualquier persona". Debería haber sospechado al leer esa frase.

Tras una batería de tests extraños, el veredicto fue claro. Un consultor, con una frialdad burocrática, me mostró una pequeña píldora rosa.

—Con tus gustos de otaku y tu complexión delgada —dijo—, serías una chica muy popular. Conseguirías novio en cuestión de días.

—Pero yo… yo quería una novia —protesté, el corazón encogido—. Además, la letra pequeña dice que los efectos son permanentes. Si cambio, no hay vuelta atrás.

Una sonrisa fría cruzó su rostro mientras deslizaba el contrato que, en mi ansiedad, había firmado sin medir las consecuencias. —Relee la cláusula siete. Podemos obligarte a tomar la pastilla, o puedes tomarla por las buenas… niña.

La elección, en realidad, no existía. Tragué la píldora.

Han pasado cinco meses desde aquel día que partió mi vida en dos. Y, en cierto modo, cumplieron su promesa. Tengo pareja. Se parece mucho a quien yo era antes: comparte mis pasiones friki, mi amor por los mundos de ficción. Pero físicamente es mi opuesto: musculoso, dedicado, una presencia sólida que ahora envuelve mi nueva realidad.

Es increíblemente respetuoso. Cuando estamos solos, no tiene problema en usar pronombres masculinos, reconociendo sin dramas el pasado que cargo conmigo. Me hace sentir segura y cómoda en este cuerpo que aún estoy aprendiendo a habitar.

Su única… "exigencia" digamos, es vestirme. Le encanta elegir para mí atuendos femeninos, sensuales, pero que siempre tienen un guiño friki: un cosplay elegante, una camiseta ajustada de alguna serie de culto. Y en la intimidad… es una fiera. Apasionado, intuitivo, me lleva a unos límites de placer que ni en mis fantasías de antes hubiera podido imaginar. Me hace gozar como una loca.

A veces, en la quietud después del amor, miro nuestras figuras entrelazadas y pienso en la ironía del destino. Quería una novia y ahora yo soy la novia.