Semana inglesa


Cuando el Gran Cambio sucedió, yo era un chico de 13 años. Ya comenzaban a llamarme la atención las chicas. Siempre me perdía viendo sus piernas expuestas por las faldas de sus uniformes, aunque nunca me animé a hablarle a una.

Cuando desperté convertido en chica fue un shock. Ahora yo usaba la falda escolar y veía las miradas indiscretas de los chicos hacia mí.

Pero lo más humillante pasó un par de meses después. El ciclo estaba terminando y decidimos irnos de paseo. Aburridos, uno de los chicos sugirió jugar "semana inglesa", ese juego donde un chico y una chica se ponen de espaldas y voltean a la izquierda o a la derecha. Si ambos voltean al mismo lado, se dan un beso. Si voltean a lados diferentes, ella le da una cachetada a él.

Yo era muy consciente de que ahora era una chica y me tocaría jugar con un chico. Así que me negué. Pero me insistieron tanto que terminé aceptando jugar.

Me tocó jugar con Julián. El resultado de nuestras cinco rondas fue 2 besos y 3 cachetadas. Primero le di las cachetadas. Y luego los besos… el primero fue extraño. Ahí estaba yo, usando una falda, bragas, brasier y una blusa, besando a otro chico. No, realmente yo ya no era un chico, sino una chica. Así que no besaba a "otro" chico, sino a un chico. Pero lo peor es que me gustaba. Podía sentirlo en mi vientre y entre mis piernas. El segundo beso me causó una humedad en la entrepierna que nunca había sentido. No tiene sentido negarlo: ahora me gustan los chicos.