La vida me jugó una broma magistral. Yo, en plan joven con gustos específicos, soñaba con una novia muy femenina: que solo usara faldas, con maquillaje impecable, esa onda. Rezaba, le pedía al cielo que cumpliera mi fantasía... y el universo, en vez de mandarme una, me convirtió en una.
A los veinte, el "Gran Cambio" me cayó encima y me convirtió en mujer. La revelación fue épica: el outfit que tanto deseaba en otras, de pronto me quedaba increíble a mí. El destino no me trajo a la chica; me puso en los zapatos de la chica y me encanta usar tacones.
Moraleja: ten cuidado con lo que deseas, porque podrías terminar siendo tú la protagonista de tu propia fantasía. Y déjame decirte que, modestia aparte, este cuerpo luce una falda de escándalo. El universo, con su humor retorcido, al final acertó de pleno.

