El gimnasio

 


A los 24 años, era un chico que acudía religiosamente al gimnasio con la esperanza de encontrar pareja. No había tenido suerte en dos años; las chicas pasaban de largo,  yo era invisible para ellas. 

Todo cambió cuando el "Gran Cambio" me transformó en mujer. De repente, el mismo escenario se pobló de que me seguían. Aunque eran miradas masculinas,  claro. Los cumplidos, los números de teléfono y las invitaciones a salir llegaron sin esfuerzo.

Me gusto tanto la atención que me brindaban que eventualmente deje a uno tomarme. Mi primera vez con este cuerpo fue una revelación; una entrega total a sensaciones que, como hombre, siempre se me negaron.

Ahora visto shorts minúsculos y tops que se pegan a cada una de mis curvas curva. Ya no entreno solo por salud, sino por placer. Después de mis rutinas, busco con la mirada a algún hombre con quien conectar, alguien a quien permitirle que me haga suya en los vestuarios vacíos. He dejado atrás para siempre a aquel hombre virgen e invisible. Ahora soy una mujer que conoce el poder de su cuerpo y no duda en disfrutarlo.