Fui un chico problemático. Desobediente, grosero, imposible de tratar. Mi mamá siempre decía que iba a encontrar la forma de corregirme.
Y lo hizo.
Desperté siendo una chica de 16 años, con una falda tableada, una blusa blanca con moño y una nota en la mesa: "Hoy es tu primer día en el Colegio Santa Clara. Pórtate bien, hija."
Creí que iba a gritar. Que iba a correr. Pero no lo hice.
Me miré al espejo… y sonreí.
Mi cabello caía sobre mis hombros. Mis piernas lucían tan lindas con las medias blancas. Y el uniforme…
mamá eligió el más bonito.
Tal vez no era el castigo que ella imaginaba. Tal vez… era justo lo que yo necesitaba.
Gracias, mamá. Lo hiciste perfecto.

