Muy bien, nena. Así me gusta. Mira qué bien cruzas las piernas ahora… como toda una mujer. Claro, ayuda que ya no tengas nada estorbando en medio de las piernas, ¿verdad?
Te estás adaptando tan bien a tu nueva personalidad femenina que hasta me da orgullo.
Y sí, sé que en el fondo todavía quieres ser un chico. Pero no puedo permitírtelo. No después de todo el trabajo que nos ha costado llegar hasta aquí. Para que te quede bien claro que ahora eres una niña, vas a salir con hombres las próximas semanas. Unos cuantos. Los suficientes.
Sé también que te morías por tener relaciones con las chicas. Pero eso se acabó. Ahora tendrás novio. Y con él tendrás sexo. Así son las cosas.
Lo bueno es que ya actúas como si nunca hubieras sido hombre. Tu forma de hablar, de caminar, de sentarte, de quedarte parada… todo grita feminidad. Parece que hubieras nacido así.
Ahora solo falta un detalle: que empieces a hacer el amor como una mujer. Y para eso, mi vida, necesitas un hombre. Con todas las letras. Y por cómo me miras… creo que ya sabes que yo voy a ser el primero.

